Hablábamos del ser humano, de la fragilidad del uno mismo, del precio que se paga por un sitio en ésta sociedad escrupulosa. Y sin hacerle asco a la autocrítica, intenté explicarle por qué yo no puedo simplemente cerrar una puerta y jugar a ser feliz.
Tal vez era como él cuando di el gran salto, ese que me separó casi el alma del cuerpo por completo. Ese que me acercó a la naturaleza más íntima y me alejó años luz de la civilidad. Pero
si buceo un poco más hondo, sé que no es cierto.
Hay detrás de mis retinas, una nena de seis años que llora amargamente. Todavía escucho de sus labios suaves el desconsuelo y aquel deseo intacto de las noches
No quiero vivir más
No sé cuántas veces ni cuántas noches. No sé si mi madre lo recuerda o prefirió borrarlo como tantas otras locuras mías. No sé si supo alguna vez que lo decía en serio, que siempre fue en serio y que quizás el gran problema de mí, es que todo es en serio.
Por eso me dolía tanto cuando ella y otros suponían en voz alta
Ella actúa así para llevar a contra
eso la entretiene
ya se le va a pasar
Ojalá hubiese sido un pasatiempo, porque no me apretaría el espíritu. Habría aprendido a no salir lastimada, por lo menos.
Si fuera estar pendiente de actuar a la inversa, me habrían internado hace añares. Padecería agotamiento mental o paranoia severa, declarada.
No digo que no sea posible. Digo que viviría más cómoda o menos inquieta. Porque
. me pregunto, me exijo, me critico, me asumo, me cuestiono, me condeno, me pruebo, me desafío
y vuelvo a armar lo que queda de mí después de cada limpieza. Y ensamblo los pedazos y uno los despojos
y el resultado es el mismo.
Como castillos de arena, quise construir otra mujer debajo de ésta imagen y casi lo logro una vez, un tiempo, una vida. Cuando anudé los vientos. Cuando quise amar y que me amaran. Cuando dibujé un hogar y un rol de guión prestado. Cuando decidí tener un hijo. Cuando cambié mis alas por pies enraizados. Cuando guardé mis blasones y sepulté el último ariete. Cuando arrojé mis versos desde un acantilado. Cuando perdí la memoria en copas de responsabilidad
.
Y viví siendo quien no era.
Se puede. Eso existe
. Y duele
.. como una lluvia de espinas sembrando los pulmones.
El aire se vuelve escaso, la respiración entrecortada y los ahogos entumecen el paso del oxígeno hasta que el corazón se endurece, de miedo y de desgarro.
No es metáfora. Lo sé.
Duele. Duele la vida de ficción tanto o más que la de ser uno mismo. Entonces, en ese punto limítrofe al vacío
cuando los castillos de arena delatan sus cimientos improbables, los desmoronamientos vencen sin batalla. Y los versos, que no son más que jirones del alma hecha palabra
dan la vuelta sobre el cielo más lúgubre para golpear como vuelo de bumerang el cachetazo a plena cara.
No soy más ni mejor que otros. No tengo la llave de ninguna sabiduría. No me engalano de estos ojos descreídos. No me complace éste cansancio de buscar reparo en ningún sitio.
Definitivamente no tengo nada de que enorgullecerme ni ninguna versión amable del mundo, que venderle a nadie.
A veces, muchas veces, admiro en silencio a quienes encuentran su modo de congeniar con el orden, con lo aprendido, con lo enseñado, con lo aceptado, con lo posible, con lo reglado, con lo establecido
.
Es menos lágrimas aprovechar corrientes que remar en contra. Y es más fácil ser aceptado. Y es
hasta: posible, encontrar en las orillas un lugar.
No supe. No pude. No quise.
Y tal vez
lo único decoroso es haber aprendido a leerme a mí misma, en cada oportunidad en que recibía y recibo la sentencia
Qué rara que sos, mhel
Y raro, no implica superlativos ni diminutivos. Es, a todas voces un simple sinónimo de diferente
Por eso, cuando hablamos, no temo desnudarme los llantos. Aún en ratos de exposición a contraluz.
Y
es cierto aquello que dijiste
. No puedo enseñarte a ser feliz. Es algo que sólo se descubre en solitario, si acaso se descubre, si acaso existe
Pero, te enseño-aprendemos a que seas vos mismo, con cada sinsabor y cada instante, aunque te rabie y te de trabajo y me pelees hasta el infinito por hacerte todo tan difícil
!
Aunque te hierva la sangre, no es veneno
creéme
es el antídoto. Porque tal vez, el ser quien seas además de dolerte es la única verdad que un día cercano o remoto
te salve.
mheL