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un viaje a la nada

infancias

infancias Una diminuta lucecita de luciérnaga, brilló en la cerradura del ropero. En cualquier otro momento del día, nadie se hubiera dado cuenta, pero estaba anocheciendo y muy pocos reflejos de sol entraban ya por la ventana del dormitorio.

Lulú dejó de hacer bailar a las agujas de tejer de la abuela y se bajó de la cama con los ojos fijos en la puerta del armario. Estaba segura de ver una luz verdosa. Agarró fuerte el brazo de su hermana y lo zamarreó, haciéndola tirar los collares que se probaba cada fin de semana, cuando revolvía en el cofre plateado de patitas elegantes.

Mele se enojó y chilló con voz de hermana mayor, pero se quedó muda cuando el dedo de Lulú, le señaló el brillo misterioso. Sin decirse nada, caminaron muy juntas hacia el placard alto, de puertas oscuras, metido en la pared. Dos manos tocaron el picaporte y tiraron hacia fuera. Estaba cerrado.Mele giró una y otra vez la llavecita de hierro y entonces sí, el armario se abrió. Y en el mismo instante en que la poca luz que quedaba del día lo invadió, el verde fosforescente desaparecía.

Los ojos de aceituna de Lulú, miraron los grises de su hermana.”¿Cómo puede ser?”, pensó en voz alta y cerró la puerta de madera. Ahí estaban: las chispitas brillantes en la cerradura... Quiso pegar las pupilas al agujero y espiar, pero los dedos de Mele la agarraron de una trenza y la apartaron.
“No”, le dijo seria. “Ya te lastimaste un ojo, tratando de sacar piedras preciosas de la pared, con un caño...¿Mirá si te quemás?”.

...

Hay días en que me siento como entonces
y me refugio en ellos
que todavía tienen ganas de soñar...

con sapos de estanque...

PS. El bichito es de Laura Saad
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1 comentario

marta zabaleta -

Salut,Laura Saad !

Marta
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