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un viaje a la nada

Si, quier / en...

Si, quier / en... Volví. Entré a una iglesia después de dos milenios de haberme desterrado. Tenía que, o quise hacerlo. Porque si para mí no significa más que… nada, ellos celebraban un encuentro y como hace cuatro décadas, estuvieron juntos ante la mirada atenta de algún dios.

Los preparativos habían comenzado semanas antes, cuando madre, mal encarando la odisea, hacía una encuesta hijo por hijo a ver si tenía quórum para la religiosidad.
Dos de cuatro no está mal, especialmente si los ausentes se hallan fuera del kilometraje reglamentario. Y para compensar vale un nieto que… además hasta ha indagado de qué y cómo es eso de las misas y ha accedido a despegarse, por recato, ese gorro azul anquilosado, bajo el techo de la casa de oración…

Bueno. Si hacer feliz a alguien es tan fácil, vale.
Una hora de historias de la infancia, resolver el inconsciente en recuerdos pasajeros y entender que cada quien busca su modo de encontrar la salvación.

-¿Qué te pareció lo de ayer?- preguntó hoy ella en el teléfono. Y la verdad, no tuve mucho que decir.

¿Me cambió en algo el regreso? No. Me dio gusto saber que no hay más que un pasado muy infante uniéndome a aquello. Me satisface entender que la libertad hace de cada ser un templo único y concreto. Me conmueve comprobar que la sed de espíritu suele colmarse con múltiples recursos y que todos valen. Y me pacifica reconocer que amo humildemente mi herejía.

¿Qué me pareció lo de ayer?
Que … aunque no creo en el matrimonio, aunque no practico una religión, aunque huyo de las instituciones, aunque tu vida y mi vida parezcan líneas distantemente paralelas...
Aunque el día a día de esos cuarenta años necesites hacerlo público testimonio…
Si una misa sirve para que seas – sean felices los dos…

Yo también estoy feliz.

Feliz aniversario viejitos, otra vez !

mheL
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