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un viaje a la nada

Kimey Kipám peñí Kaxü

Kimey Kipám peñí Kaxü Maeve me levantó a las cinco Por suerte la mañana estuvo fresca.
Tomamos mate. Ronroneamos juntas.
Escribí cartas. Leí noticias viejas y esperé palabras cálidas que jamás llegaron.

Había prometido limpiar la casa. Por lo menos ordené su cuarto y le dejé intacta su cama.
Compré comestibles y la heladera gimió de placer luego de verse el fondo del estómago por casi veinte días de huelga declarada.

Escuché mi música sin interrupciones y acomodé uno a uno los CD que tan encarecidamente él me había encomendado al partir.

Una hora de viaje en el 93. Atravesar las ferias y carritos ambulantes de babilon para llegar a recogerlo.
Y bajó del micro con sonrisa abierta, cara quemada y ojos enérgicos. Un abrazo y mirarme a las pupilas.
-Vieja… estás re joven… se nota que descansaste… ¿o te pondré vieja yo?-

Sin respuestas cuando ironiza. Me gusta así de dulce y malicioso.
Su padre quejoso, saluda y me reclama –Es más difícil de convencer que vos-.
La mujer de él, agotada. –Son dos nenes peleando a cada rato-
Yo que afirmo –Bueno… me alegro de que se hayan reencontrado y entonces, empiecen a conocerse de verdad-

Hablamos todo el trayecto a casa.
Hablamos todo el almuerzo a las tres de la tarde.
Me pidió que le contara todo lo que había pasado en estos días en el mundo, en la ciudad, en mi vida.
Le pedí que me contara lo que tuviese ganas. Y me dibujó el sur de la infancia, con letras de chico cada vez más cambiante.

-Recorrí lugares donde había ido con vos. Me acordé de los campings de antes. Volví a bañarme en los lagos helados. Se me reventaron los labios por el sol. No me duché nunca con jabón. Hacía siete grados y llovió mucho. Me cansé del sedentarismo del viejo. Es muy caprichoso. Me llevó a comprar historietas y yo preferí leer a Ambroce Bierce. Me compré El Diccionario del Diablo y está buenísimo. Rompí la carpa. Le debo sesenta pesos a los dos. Aprendí a usar la navaja sin cortarme. Me hizo bien estar lejos. Hay cosas que sé que no voy a repetir más. Extrañé al tortugo y a la gata. Espero que no hayas roto la computadora. Te traje un regalo aunque no querías. Necesito que me cortes el pelo. Y no me digas todavía, que me ponga a estudiar. ¿Si?...-

No se lo dije.
Hay tiempo o lo inventaremos luego.
Porque hoy fue día de charlar.
y necesito caminar lento, abrir ventanas y animarme a puertas, que me renueven el vicio... verde y sueño: de Esperar.

…

mheL

2 comentarios

mhieL -

se puede toda clase de amor sin opacar ni cercenar al otro, Z

es difícil cuando queremos poseer pero si el intento es la libertad compartida... es un reto, pero gratamente posible.

me gustó lo de loquilla linda. Gracias

y no sé si sirve de algo, pero si querés charlar, llamame que toy de vacaciones.

besos

zoroastros -

Me sensibilizaste. Ando medio con el corazon afuera y el cerebro desbocado de incertidumbres y bronca, y me hizo bien leer esto. Ver que se puede ser padre y no cercenar al hijo, no opacarlo. Lo necesitaba con lo que pasa con mi hermano y mi viejo. Gracias loquilla linda.